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50 Frases célebres y mejores pensamientos de Luis Sepúlveda

50 frases celebres e pensamientos de Luis Sepúlveda

Libro della Vita

50 Frases célebres y mejores pensamientos de Luis Sepúlveda

Los humanos son generalmente incapaces de aceptar que un ser diferente a ellos los entienda y trate de darse a entender.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

El gato grande, negro y gordo tomaba el sol en el balcón, ronroneando y meditando acerca de lo bien que se estaba allí, recibiendo los cálidos rayos panza arriba, con las cuatro patas muy encogidas y el rabo estirado.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

A veces me pregunto si algunos humanos se han vuelto locos, porque intentan hacer del océano un enorme basurero.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

Con toda la paciencia que caracteriza a los gatos habían esperado a que la joven gaviota les comunicara sus deseos de volar, porque una ancestral sabiduría les hacía comprender que volar es una decisión muy personal.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

(…) Seguía rigurosamente el código de honor de los gatos de puerto. Había prometido a la agonizante gaviota que enseñaría a volar al pollito, y lo haría.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

Los humanos son, por desgracia, imprevisibles. Muchas veces con las mejores intenciones causan los peores daños.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

Los Gobiernos viven de las dentelladas traicioneras que les propinan a los ciudadanos.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

El cielo era una inflada panza de burro colgando amenazante a escasos palmos de las cabezas.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Si el rastreo es demasiado fácil y te hace sentir confiado, quiere decir que el tigrillo te está mirando la nuca.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

(…) Calculó que disponía de una hora de luz, y en ese tiempo debía largarse, alcanzar la orilla del río y buscar un lugar seguro.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

(…) Sonreían mostrando sus dientes puntudos, afilados con piedras de río.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Los pobres lo perdonan todo, menos el fracaso.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Se ocupaba de mantenerlos a raya, en tanto los colonos destrozaban la selva construyendo la obra maestra del hombre civilizado: el desierto.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Se desató el diluvio y a los pocos minutos era imposible ver más allá de un brazo extendido.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Los hombres maldecían la necedad del gordo con palabras masticadas para que no percibiera la magnitud de los insultos.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Los ojos del miedo pueden verte, de la misma manera como tú ves las luces del amanecer entrando por los resquicios de caña.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Sólo vuela el que se atreve a hacerlo.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

Sentimos que también nos quieres, que somos tus amigos, tu familia, y es bueno que sepas que contigo aprendimos algo que nos llena de orgullo: aprendimos a apreciar, respetar y querer a un ser diferente. Es muy fácil aceptar y querer a los que son iguales a nosotros, pero hacerlo con alguien diferente es muy difícil y tú nos ayudaste a conseguirlo.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

Y si todo esto es un sueño, qué importa. Me gusta y quiero seguir soñándolo.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

Nunca se vuela al primer intento, pero lo conseguirás.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

Vas a volar. Todo el cielo será tuyo.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

En el preciso momento en que giraba perezosamente el cuerpo para que el sol le calentara el lomo, escuchó el zumbido provocado por un objeto volador que no supo identificar y que se acercaba a gran velocidad. Alerta, dio un salto, se paró sobre las cuatro patas y apenas alcanzó a echarse a un lado para esquivar a la gaviota que cayó en el balcón.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

(…) Permaneció allí contemplándola, hasta que no supo si fueron las gotas de lluvia o las lágrimas las que empañaron sus ojos amarillos de gato grande, negro y gordo, de gato bueno, de gato noble, de gato de puerto.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

¡Terrible! ¡Terrible! Si las cosas siguen así, dentro de muy poco la palabra contaminación ocupará todo el tomo tres, letra “C” de la enciclopedia.
“Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar” (1996)

No, se trata del otro amor, del que duele.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Le habló a la selva recibiendo la única respuesta del aguacero.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

El tigrillo capta el olor a muerto que muchos hombres emanan sin saberlo.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Está juntando odio, pero todavía no reúne el suficiente. Eso lleva tiempo.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

América Latina limita al norte con el odio y no tiene más puntos cardinales.

Por primera vez se sintió acosado por el animal de la soledad; bicho astuto.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Si no tenemos un punto fijo al que queremos llegar, damos vueltas y vueltas.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

El cazador ha de ir siempre un poco hambriento, pues el hambre agudiza los sentidos.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Un mandato desconocido le indicaba que matarla era un imprescindible acto de piedad.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Los colonos se empeñaban en construir la obra maestra del hombre civilizado: el desierto.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Deme una novela bien triste, con mucho sufrimiento a causa del amor, y con un final feliz.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Según los pasillos, el amor era como la picadura de un tábano; invisible, pero buscado por todos.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Era un animal hermoso, una obra maestra de gallardía que ni el pensamiento era capaz de reproducir.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

La muerte es parte de la vida, es el cierre biológico y necesario de un ciclo. Sería insoportable ser inmortal.

(…) Novelas que hablaban del amor con palabras tan hermosas que a veces le hacían olvidar la barbarie humana.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

La historia es la que manda, y la hacen los personajes, no las virguerías plumíferas del autor ni su punto de vista.

El sufrimiento no tiene mayores explicaciones, es parte del equilibrio de la vida. Se vive entre la alegría y el sufrimiento.

Me divierto mucho escribiendo y me gusta que la gente se lo pase bien con mis libros. Es una forma de contactarme con el mundo.

Fue el descubrimiento más importante de toda su vida. Sabía leer. Era poseedor del antídoto contra el ponzoñoso veneno de la vejez.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Era amor puro, sin posesión ni celos; nadie consigue atar a un trueno, nadie consigue apropiarse de los cielos del otro en el momento del abandono.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Deseaban verlo, tenerlo, y también deseaban sentir su ausencia, la tristeza de no poder hablarle, y el vuelco jubiloso en el corazón al verle aparecer de nuevo.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Él quería gritar, pero los roedores del pánico le destrozaban a dentelladas la lengua. Él quería correr, pero las delgadas serpientes voladoras le ataban las piernas.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

El aire se notaba cada vez más caliente y espeso. Pegajoso, se adhería a la piel como una molesta película, y traía desde la selva el silencio previo a la tormenta. De un momento a otro se abrirían las esclusas del cielo
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

El amor es sin duda el más intenso de los sentimientos porque es una suma de muchos; en el amor, como yo lo entiendo, confluyen la necesaria química entre dos personas, el erotismo, la lealtad y la más absoluta sinceridad.

Muchas veces escuchó decir que con los años llega la sabiduría y él esperó, confiando en que tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas que éstos tendían a menudo.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

No existe la competencia en la literatura, eso se da tal vez en la economía, en el deporte, pero en la literatura no, porque hay una persona que se llama lector, que va a decidir si quiere leer ese libro o no y en eso es muy poco lo que se puede hacer para influir.

Soy agnóstico y para mí la vida es un bello desafío. Y como tengo la fortuna de saber interrelacionar dialécticamente todo lo que ocurre (soy Marxista) nunca he necesitado ni de supercherías religiosas ni de búsquedas de la luz para saber dónde está el camino que quiero recorrer.

Leía lentamente, juntando las sílabas, murmurándolas a media voz como si las paladeara, y al tener dominada la palabra entera la repetía de un viaje. Luego hacía lo mismo con la frase completa, y de esa manera se apropiaba de los sentimientos e ideas plasmados en las páginas. Cuando un pasaje le agradaba especialmente lo repetía muchas veces, todas las que estimara necesarias para descubrir cuán hermoso podía ser también el lenguaje humano.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Y en el sueño alucinado se vio a sí mismo como parte innegable de esos lugares en perpetuo cambio.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Nunca pensó en la palabra libertad, y la disfrutaba a su antojo en la selva.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

La vida en la selva templó cada detalle de su cuerpo. Adquirió músculos felinos que con el paso de los años se volvieron correosos. Sabía tanto de la selva como un shuar. Era tan buen rastreador como un shuar. Nadaba tan bien como un shuar. En definitiva, era como uno de ellos, pero no era uno de ellos.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

(…) En esa paz que debía cuidar porque de ella dependían los momentos placenteros frente al río, de pie ante la mesa alta, leyendo pausadamente las novelas de amor.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Fumaron y bebieron unos tragos más mirando pasar la eternidad verde del río…
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Eran capaces de decir palabras que levantaban a un boxeador noqueado.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Vestía ropajes que sí existieron y continuaban existiendo en los rincones porfiados de la memoria, en los mismos donde se embosca el tábano de la soledad.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

Durante su vida entre los shuar no precisó de las novelas de amor para conocerlo.
“Un viejo que leía novelas de amor” (1989)

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